No vivas para que tu presencia se note, si no para que tu ausencia se sienta.

Hoy tuve una fuerte discusión con mi hermana, persona con la cual convivo, y ella rompió en llanto pidiéndome a gritos un poco de afecto. Fue rarísimo porque, al parecer, se acordó de que ella también tiene corazón. Sé que suena un poco duro la forma en que lo digo, pero esto viene de hace mucho.

Resulta que, en mi casa, siempre fui la persona afectuosa, alegre, el 'rompe bolas', el alegre, el optimista que quieren que estén bien, el que no le importa parecer un boludo con tal de que ellos sonrían; ese, sí, ESE, soy yo. Hace desde principio de año que vivimos sólos mi hermana y yo, y ella, lejos de ser como yo, con un carácter de mierda, siempre me tiró los ánimos por el piso. Hace un mes más o menos que cambié; decidí vivir para mi, que no me importe más lo que ella haga o deje de hacer, no darle bola, que haga su vida, yo hago la mía. Seco, bien seco de sentimientos; sin muchas demostraciones ni muchos saludos, sin compartir canciones, nada. Yo acá, y ella allá, pero viviendo en la misma casa. Me cansé de obtener 'malos' resultados así que implementé esta especie de 'huelga de afectos'.

Hoy discutimos, y entre reclamos de quehaceres de la casa que no fueron cumplidos, y alguna que otra puteada, ella explotó y se quejó por mi falta de afecto y por mi indiferencia. 

Al parecer, antes no hacía las cosas tan mal, pero nadie las valoraba. Y citando la frase de Bob Marley: "No vivas para que tu presencia se note, si no para que tu ausencia se sienta.", les digo que me doy cuenta de que yo estaba haciendo eso, y de que, al parecer, no era tan malo lo que yo hacía antes, simplemente, no era valorado como yo esperaba. Pero ahora me doy cuenta de que aunque no me lo digan, les hace falta.

Atando cabos sueltos.

Hace unos días estaba leyendo un volante publicitario -no me acuerdo de qué exactamente- y llevaba la frase que publiqué hace unos días:

"Quise cambiar el mundo, y nada cambió. Cambié yo, y cambió todo."

Obviamente, me dejó muy pensativo y me hizo ver muchas cosas (que eran ciertas) que yo por ahí no lograba 'explicarme', y era la frase que lo aclaraba todo. Esto me hizo acordar a otra frase que, en su momento, también me hizo pensar mucho y nunca la olvidé...

Un día, leía un libro de economía, y entre mercados, el Estado y las economías modernas, el libro citaba a Adam Smith, que en su libro "Las riquezas de las naciones", decía:

“Todo individuo trata de emplear su capital de tal forma que su producto tenga el mayor valor posible. Generalmente, ni pretende promover el interés público ni sabe cuando lo está haciendo. Lo único que busca es su propia seguridad, su propio provecho. Y al hacerlo, una mano invisible le lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones. Al buscar su propio interés, a menudo promueve el de la sociedad más eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo.”

Más allá de que Adam Smith lo decía con fines de entender 'la mano invisible' de los mercados en la economía, yo lo relacioné con la vida real, y sí, ¡Es muy cierto!

Por otro lado, unas semanas atrás vi un vídeo en el que Gregg Braden hablaba de "Las cinco formas de orar" -que lo voy a subir próximamente-. Él contaba que la quinta forma de orar era una que había conocido en una experiencia en un país asiático y lo había dejado sorprendido, ya que ésta traía buenos resultados. La oración no consistía en pedirle a su Dios que llueva (por ejemplo), si no más bien en concentrarse y 'conectarse' con él, sintiendo la lluvia, la humedad de la tierra, el viento, su deseo. Su fundamento era que, si pedíamos algo es porque no lo teníamos, entonces no llegaba; la idea era LA PERCEPCIÓN, es decir, percibir que lo teníamos. Además, decía que este sentimiento de armonía, de 'buenas vibras', se podía transmitir al resto de la población, y de una manera mágica, todo mejoraba; y que se necesitaban pocas personas con 'buenas vibras' para transmitírselo a un número elevado de la población.

En fin, atando cabos sueltos, la idea es que yo siempre fui -y soy- de una personalidad bastante particular, dura, de 'firmes principios' -un poco 'a la antigua' en algunos casos-, justiciero, idealista, pero con muchas ganas de imponerlo en los otros, de ver que sea para todos iguales, de que las cosas se hagan como se tienen que hacer, de parar con las 'injusticias' que ya son comunes en esta sociedad moderna, de QUERER  HACER EL BIEN y TRANSMITIRLO EN LOS DEMÁS; pero es como que nunca lo conseguí en un 100%, o sea, mis principios siguen intactos, pero ya entendí que no todos van a ser como yo, ni los voy a forzar a un cambio, ni voy a lograr que lo aprendan, simplemente porque les quiero hacer ver que es mejor. En este último tiempo, hice un cambio en mi, le busqué la vuelta, cambié algunas formas de actuar, y de pensar el modo de transmitir las cosas, me dediqué más a mi, me preocupé más por mis deberes, y la verdad es que, me hizo mucho mejor, ME SIENTO MEJOR, y veo que ese cambio en mi, esa armonía conmigo mismo, esa paz interior, se transmite a los demás, o, por lo menos, yo lo percibo de esa manera. Y ahí es donde está el cambio.

El cambio que nunca quise admitir.

Hoy, me rindo,
prescindo de fuerzas, de amor.
Ya no tengo la certeza
de poder soportar el dolor.

Insisto, hoy desisto.

Desisto del amor que llega de improvisto,
de esa cosquilla en la panza,
ya no hay esperanzas,
ya no hay ilusiones,
el amor sólo está en las canciones.

Te anuncio, hoy renuncio.

Renuncio a caminar de la mano,
a pasear por la plaza,
hoy, hoy me quedo en mi casa,
aceptando que creer en ti fue en vano.

Estaba enamorado de la idea de estar enamorado,
y hoy, lejos de sentirme derrotado,
me miro al espejo y veo en mi
el cambio que nunca quise admitir.

Cambio.

Quise cambiar al mundo, y nada cambió.

Cambié yo, y cambió todo.

Ni un segundo.

Sin ti,
se han ido tantas cosas en mi vida,
no es nada ya como lo conocía,
cambió la vida entera de color.

Se fue,
la huella que dejabas con tus dedos,
se fueron los altares y los credos,
las reglas que inventaste con tu amor.

Y no pienses ni un segundo
en regresar por el camino que te vio partir,
porque sin ti, porque sin ti...

No queda nada del dolor que me causaba
mendigarte por un beso.
Volví a encontrar la libertad que se escapó
de mi corazón que estaba preso.
Se disipó la oscuridad en mi interior
y ahora veo que tu amor no era amor,
tal vez te duela,
pero desde que te fuiste,
me siento mucho mejor.

Sin ti,
ha vuelto a entrar la luz por la ventana,
he vuelto a sonreír por las mañanas
sin miedo a que alguien me diga que no.

Tal vez te duela,
pero desde que te fuiste,
me siento mucho mejor.

Un consejo.

Conserva lo que tienes,
olvida lo que te duele, 
lucha por lo que quieres,
valora lo que posees,
perdona a los que te hieren y disfruta a los que te aman. ¬

Nos pasamos la vida esperando que pase algo, y lo único que pasa es la vida. No entendemos el valor de los momentos, hasta que se han convertido en recuerdos.

Por eso, haz lo que quieras hacer, antes de que se convierta en lo que te "gustaría" haber hecho.

No hagas de tu vida un borrador, tal vez no tengas tiempo de pasarlo en limpio...

Confesiones de una mujer.



"Que a mi me usa para pasar el rato,
que vive coqueteando con gatos,
que conmigo sólo se dedicó a jugar.


Que todos los hombres son iguales,
que ya no existen los buenos modales."
Dijo y se echó a llorar.


"Por tener siempre al que quise
y comportarme como un freezer,
hoy me toca pagar.

Será porque siempre dominé la situación,
porque alguna vez no tuve corazón,
que ahora estoy en ese lugar."

Tranquila amiga, que en las cosas del amor
la única ciencia es la experiencia.
no desesperes, ten paciencia,
que a veces el dolor nos hace tomar conciencia.

Hoy no vengo a darte sermones,
no voy a decirte qué hacer.
Sólo tomo nota de tus confesiones,
y empiezo a comprender a una mujer.

Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.

Hay cosas que te encantaría oír y que nunca escucharás de la persona que te gustaría que las dijera. Hay cosas que seguro tú has hecho por ella y crees que no le han importado. No importa: sigue dando, continúa amando… Pero NO sufras: siéntete orgulloso de lo que has sabido dar, de tu capacidad de amar… Y no seas tan sordo para no oír las palabras dulces de quien las dice desde su corazón y quizás no escuchas…

El amor llega a quien espera, aunque le hayan decepcionado, aunque sienta que ya nada tiene sentido. El amor siempre llega a quien lucha y es constante, a quien aún cree aunque haya sido traicionado, a quien todavía necesite amar aunque antes haya sido lastimado y a quien tiene el coraje y la fe para construir la confianza de nuevo, pese a todo lo que le haya pasado

El principio del amor es “dejar que aquellos que conocemos sean ellos mismos”, y no tratar de adaptarlos a nuestra propia imagen, porque entonces sólo amaremos el reflejo de lo que nosotros mismos somos en ellos. ¿Qué sentido tiene amar a tu propia imagen, cuando no hay nada más hermoso que darlo todo por el otro?

No vayas por lo externo: esto te podría engañar. Dicen que las apariencias engañan, pero el corazón las revela… Lo único que perdura a través del tiempo son los sentimientos, el ser maravilloso que por dentro tenemos… Por eso ve y busca a quien valora tu sonrisa, a quien se deslumbra con tu mirada, a quien muere por tus caricias…

Ve por alguien que te haga sonreír, por alguien que te lo dé todo sin pedir nada a cambio, por ese alguien que sane tu corazón herido, por alguien que jamás te haya traicionado, que nunca te haya decepcionado Tan sólo esa persona se merece tu amor, tus lágrimas y tu cariño… Toma su sonrisa para que tu día oscuro se llene de luz y bebe de sus labios para no tener nunca más sed…

Espero que encuentres a aquella persona que te haga sonreír y que sane todas tus heridas…

Hay momentos en que extrañas tanto a esa persona, que quisieras sacarla de tus sueños y abrazarla con todas tus fuerzas. Entonces, espero que sueñes con ese alguien tan especial y logres arrancarle de tus sueños y hacerle realidad…

Un día comprendí...

Que el silencio dice más que mil palabras;
que el tomar una mano no significa atar un corazón;
que no se debe correr tras una persona que siempre huye de ti;
Que el amor no se debe mendigar, te lo deben demostrar;
y que a la persona que amas, sólo se le puede desear toda la felicidad del mundo, aunque no sea contigo.

Desde adentro.

Si bien es cierto que soy muy ordenado,
me encanta estar despeinado,
con los pelos parados,
bien desprolijo,
pero sólo cuando yo lo elijo.

Soy demasiado estructurado,
me exijo mucho,
soy cerrado,
a tal punto que a veces no escucho,
la opinión del que tengo al lado.

Amante de los problemas y sus soluciones,
vivo buscando una salida,
rescatando frases de canciones,
para darle consejos a mis amigas.

Simpático, un poco loco, idealista.
Todo lo que toco, lo hago con mi punto de vista,
con mis ganas de verle el lado positivo,
de demostrar que siempre vale la pena estar vivo.

Me detengo en mi centro,
me miro desde adentro.
Intento detener el sismo que me sacude,
disminuyo el ritmo que nunca pude,
y trato de conocerme a mí mismo.

No quiero hacerte chantaje.

Algunas veces vivo,
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo,
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón;
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella... Al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
solo quiero regalarte una canción.

Tu tres de septiembre.

De más está decirte "Buen día",
de más está desearte que seas feliz.
Puede que hoy no sea tu día,
por eso sabes que estoy para ti.

Tal vez hoy veas todo de un sólo color,
un gris oscuro que representa dolor,
puedes confiar en mi, 
te lo aseguro,
conozco el camino para ir lejos de aquí.

Lejos de la tristeza, lejos de casa,
¡Lejos! Lejos, en fin.

Puedo darte consejos,
puedo entender qué es lo que te pasa,
pero no lo voy a sentir como en tu piel,
ese recuerdo dulce, pero amargo a la vez,
que se produce porque ya no la podés tener.

Recordala con una sonrisa, con un buen momento,
es lo que ella quería, era su anhelo.
Dios se la llevó, necesitó de ella,
se la llevó al cielo,
y la convirtió en tu estrella.

¡Vámonos de aquí!
Respira profundo, mira hacia arriba,
¡Salgamos de este mundo!
En algún lugar, ella está con vida.

Y te aclaro, mujer, ese lugar es tu mente,
su recuerdo en tu vida,
tu manera de jugar, tu alegría.
Ella siempre será tu tres de septiembre,
y siempre estará presente,
para darte amor,
para hacerte latir más fuerte, el corazón.

Por qué a veces NECESITAMOS ESTAR TRISTES.

"Todo el mundo desea ser feliz, pero afrontar las desdichas también es parte importante de la vida."
HUGH MACKAY

Tal parece que nos hemos vuelto temerosos de la tristeza. Se ha puesto tanto énfasis en la felicidad, en el pensamiento positivo y en la autoestima, que corremos el riesgo de olvidar que para ser personas plenas necesitamos aprender a sobrellevar también los momento difíciles.
Sabemos que las emociones "positivas" son más disfrutables y las aceptamos sin reparos, pero es absolutamente normal sentirnos invadidos de vez en cuando por el pesar, o agobiados de angustia, duda o desilusión. Todas estas emociones tienen algo que enseñarnos acerca de nosotros mismos, y sin ellas jamás sabríamos lo que es la felicidad.
Sin embargo, no todos tenemos el mismo concepto de "felicidad", así que empecemos por el principio. El filósofo griego Aristóteles enseñaba que la vida ideal era buscar la eudamonía, palabra que suele traducirse como "felicidad". Pero no se refería a una vida de placeres sensoriales, ni tampoco a una existencia desligada de la realidad por la falsa creencia de que las cosas son (o deberían ser) mejores de lo que son realmente.
Su concepto de felicidad se acerca mucho más a la idea de "plenitud" que a ese sentimiento a menudo autocomplaciente y basado en el placer que llamamos "felicidad". Para Aristóteles, la eudamonía significaba vivir en concordancia con la razón; satisfacer nuestro sentido de propósito; cumplir con nuestro deber cívico; cultivar la virtud; estar totalmente comprometidos con el mundo y, sobre todo, experimentar la riqueza del amor y la amistad humanas.
¿"La riqueza del amor y la amistad humanas"? Todo el mundo sabe que eso no es ningún lecho de rosas. Las relaciones personales pueden ofrecernos las satisfacciones más profundas y hacer un aporte enorme a nuestro sentido de plenitud, pero, en esencia, son desordenadas, impredecibles y, muy a menudo, nuestra mayor fuente de decepción, angustia y tristeza. Justo por eso es que tienen mucho que enseñarnos.
Cuando nos sentimos tristes o desanimados, llegamos a pensar que la vida es cruel o injusta, así que es fácil entender por qué, en esos momentos, la felicidad nos parece la mejor meta de vida o el estado "natural" por alcanzar. Sin embargo, eso pasaría por alto una importante verdad sobre la experiencia humana: la tristeza es una emoción tan auténtica como la felicidad. Los momentos de dicha y alegría, y también la sensación más profunda de bienestar que a veces nos envuelve, sólo tienen sentido porque representan un agudo contraste con nuestras experiencias de decepción, sufrimiento y tristeza, o incluso con esos momentos en que nos sentimos atrapados en una tediosa rutina.

Cuando oigo a los padres de familia decir "Sólo quiero que mis hijos sean felices", siempre me siento tentado a preguntarles: "¿Eso es todo lo que desean para ellos? ¿En verdad quieren que estén tan privados de emociones? ¿No les gustaría que aprendieran a sobrellevar la desilusión, el fracaso e incluso la injusticia?"
Cuando las personas experimentan cambios repentinos y drásticos -un divorcio, la pérdida de un ser querido, la estrechez económica, una enfermedad grave-, su ansiedad aumenta y comúnmente sienten estrés, tristeza y, a veces, incluso pánico. Cuando se producen cambios así en toda la sociedad, se desencadenan las mismas reacciones en gran escala: una epidemia de ansiedad y un sentido generalizado de inseguridad.
Si consideramos los grandes cambios que han ocurrido en la sociedad occidental, no es de extrañar que nos sintamos un poco traumados: hemos reinventado la institución del matrimonio (y abandonado en forma masiva); transformando la naturaleza de la vida familiar; hecho descender la tasa de natalidad a su nivel más bajo en toda la historia; reducido el tamaño de nuestros hogares; sentido los embates de una crisis económica mundial; ensanchado todavía más la brecha entre ricos y pobres, y trastocado radicalmente las estadísticas sobre el mercado laboral (en particular las que se refieren a la participación de las mujeres y los empleos de medio tiempo).
Hemos presenciado la revolución de la informática y las comunicaciones, que ha transformado nuestra manera de vivir y trabajar y redefinido nuestros conceptos de privacidad e identidad, sobre todo entre los jóvenes. Como lo predijo hace 40 años Alvin Toffler en su libro El shock del futuro, estos cambios no sólo han aumentado nuestra ansiedad (y nuestro consumo de tranquilizantes), sino generado también un gran sentimiento de impotencia y pérdida de control. Existe el peligro real de que empeoremos las cosas si ponemos demasiado énfasis en "el pensamiento positivo", y no el suficiente en vivir con valentía, bondad e incluso con nobleza ante todos estos cambios.
Me temo que hasta el concepto de "felicidad" está adquiriendo un significado nuevo como consecuencia de nuestra obsesión por el control: tendemos a considerar la dicha como una señal de que tenemos todo "controlado", lo cual implica que la tristeza indicaría lo contrario, como si pudiéramos elegir estar felices o tristes.
Pensar positivamente es mejor que pensar negativamente. Sin embargo, pensar en forma realista es algo todavía más deseable, y ser realista significa comprender que la riqueza de la vida radica en una interacción constante entre luces y sombras.
"¡Arriba!", nos decimos unos a otros, pero, ¿para qué intentar producir un estado emocional positivo en alguien que está pasando por una adversidad, una pérdida o una desilución? En esto estoy de acuerdo con Marcel Porsut, quien dijo: "Sanamos de un sufrimiento sólo al experimentarlo en su totalidad".
Muchas personas aseguran que su mayor crecimiento y desarrollo como seres humanos han provenido del dolor y del pesar, no del placer. Así que, cuando necesitamos sentirnos tristes, es un error tratar de apresurar el proceso de sobrellevar nuestro sufrimiento, decepción o pena. La felicidad por lo general nos llega en momentos súbitos y fugaces; en cambio, asimilar nuestras emociones más sombrías nos lleva tiempo.

Artículo publicado en la revista Reader's Deagest.

Help!

Voy y vengo, vivo dando vueltas,
me persigo en cámara lenta.
Me siento a estudiar,
y no paro de pensar
en la ayuda que no tengo.


Estoy buscando una pista, una idea,
alguna reacción improvista, lo que sea.
Algún foco de luz en mi camino,
a ver si descubro un poco,
dónde queda mi destino.


Lo consulto con mis seres queridos,
y una voz me dice: "Bienvenido
al mundo de los adultos",
de la realidad no me oculto,
estoy perdido.


Perdido entre la muchedumbre,
lleno de incertidumbre,
muchas preguntas y no tantas respuestas,
con tantas dudas,
necesito que la ayuda sea honesta.

La melancolía.


La melancolía es un color que no es demasiado desagradable, la melancolía es un territorio donde caen las canciones, es una caída de la tarde, es una pareja que está perdiendo la pasión, son unas canas que aparecen, es el territorio de la poesía. No le tengo el menor miedo la melancolía, vivo ahí desde hace mucho tiempo.
Si uno está muy alegre o muy triste de ahí no crece casi nada poético. Si uno está muy contento tiene que ir a dar saltos al parque, y si uno está muy enamorado echa polvo tras polvo… pero la melancolía es el sentimiento húmedo con el que nacen versos en la cabeza”.
Joaquín Sabina